EDUCACIÓN ACTIVA
En 1990, tuve el privilegio de conocer al hombre tal vez más conocido del
mundo, Nelson Mandela, poco tiempo después de que éste había salido
de la cárcel. En 1997, conocí al hombre a quien la mayoría de personas
no conocía, pero quien cambió mi vida profesional e influyó directamente
en las vidas de miles de docentes y millones de niños y niñas a través de
América Latina y África, y cuyas ideas han sido replicadas alrededor del
mundo. Oscar Mogollón no fue un político renombrado a nivel mundial
como lo fue Mandela, ni un autor superestrella en educación como lo
fue Paulo Freire, pero como practicante y visionario en el campo de la
educación, es posible que este señor haya cambiado más vidas que cualquier
otro educador a finales del siglo 20.
En 1997, después de 34 años trabajando como educador en los Estados
Unidos y como consultor internacional, me encontré realizando un
proyecto de evaluación en las zonas rurales más pobres de Guatemala. En
aquel tiempo, estaba tan desanimado que había decidido que ese iba a ser
mi último trabajo internacional. De repente, sin embargo, me encontré
totalmente asombrado y encantado con las escuelas indígenas, bilingües,
y de habla hispana que visitaba. Vi puesto en práctica mucho de lo que
yo, y muchos otros, habíamos estado escribiendo y aconsejando, con poco
éxito, durante décadas. Ése fue mi primer contacto con las Nuevas Escuelas
Unitarias (NEU) de Guatemala, y la primera vez que conocí a uno de los
grandes educadores de nuestro tiempo, Oscar Mogollón. Oscar fue uno de
los fundadores del movimiento Escuela Nueva en su tierra natal Colombia.
Después de una evaluación breve, llegué a creer firmemente que las escuelas
orientadas al niño, la enseñanza reflexiva, la educación constructivista, el
aprendizaje activo, y una gran cantidad de otras teorías maravillosas del
mundo rico, no solamente eran posibles, sino que estas escuelas pobres
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