Actividades de estimulación para los más pequeños
1. Cantar canciones infantiles
Las canciones infantiles suelen ser cortas, rítmicas y, a menudo, rimadas. ¡Por eso gustan tanto a los niños! Puedes cantarlas tú mismo con la ayuda de un CD. Para cantar canciones infantiles no se necesita ningún material y todos conocemos al menos una (por ejemplo, Debajo de un botón). Otra ventaja de esta actividad es que se puede practicar en cualquier lugar: de paseo, en el coche…
¿Qué estimula en el niño?
Cantar con tu hijo, o al menos para él, es un modo de compartir un tiempo juntos y de comunicaros. También ayuda a estimular el lenguaje de forma lúdica: el pequeño escucha, memoriza la musicalidad de las frases y se divierte oyendo la rima. También desarrolla el vocabulario al intentar repetir las palabras y las frases. Y si acompañas la canción con gestos, imitando algunas acciones, ¡todavía mejor!
Algunas sugerencias de canciones infantiles
Debajo de un botón, ton, ton Que encontró Martín, tin, tin Había un ratón, ton ,ton, Ay, que chiquitín, tin, tin.
Ay que chiquitín, tin, tin era aquel ratón, ton, ton que encontró Martín, tin, tin debajo de un botón, ton, ton.
—————————————————-
Caracol, col, col saca tus cuernos al sol que tu padre y tu madre ya los sacó.
Chocolate, molinillo, corre, corre que te pillo, correrás, correrás pero no me pillarás.
2. Jugar en el cajón de arena
Los cajones de arena, sobre todos los de los parques y jardines de uso colectivo, tienen muy mala fama. Muchas madres los consideran insalubres y nos les gusta que los niños se ensucien de arena. Sin embargo, casi todos los niños los adoran: en un cajón de arena se pueden dibujar formas, cavar, modelar, construir, tocar, manipular y trasvasar.
¿Qué descubren los pequeños jugando en un cajón de arena?
En primer lugar, la arena permite al niño descubrir una textura nueva. En verano, disfrutará añadiendo agua y mezclándola. Así comprobará que una textura puede transformarse. Al jugar con la arena, también aprende a llenar y a vaciar (el cubo, los moldes, el tamiz…). Cuando dibuja o construye algo, tu hijo se vale de su imaginación, estimula su creatividad. Al observar a los otros niños, desarrolla su capacidad de imitación: es muy probable que quiera hacer el mismo castillo, el mismo hoyo o la misma carretera que su compañero de al lado. El uso del cubo, la pala y el rastrillo le permite manipular objetos, mejorar el control de determinados movimientos. Por último, el cajón de arena es un lugar estupendo para convertirse en un ser sociable: el niño aprende a compartir el espacio, la pala y el rastrillo, a no destruir el castillo del vecino, a superar la frustración cuando le destruyen el suyo…En resumen, los pequeños aprenden a vivir juntos. Y, a veces, es aquí donde se hacen los primeros amigos.
Precauciones a tomar
El cajón de arena no es una niñera de sustitución: mientras juega en él, el niño tiene que estar vigilado. A su edad, todavía se mete todo en la boca. Por eso hay que estar cerca para decirle que la arena no se come o para actuar rápidamente si el mal ya está hecho. Y para evitar los lanzamientos de arena, tan frecuentes. También es importante acompañar al bebé en su aprendizaje de cómo “vivir juntos” y enseñarle a manejar los conflictos. Por último, no hay que olvidar lavarle las manos antes de volver a casa o de que meriende en el parque.
3. Objetos escondidos
En este juego, hay que esconder un objeto pequeño, mejor si le resulta familiar, para que el niño pueda identificarlo fácilmente. El pequeño tiene que ir a buscarlo y orientarse gracias a tus indicaciones: “Mira debajo de la silla”, “¿has mirado debajo del cojín?”. Entonces tu hijo se convierte en un pequeño explorador. Felicítale cuando encuentre el objeto. El juego no debe durar más de diez minutos para que el pequeño pueda mantener la atención y no se desanime. También puedes dejar que sobresalga una parte del objeto para que sea más accesible.
¿Qué le aporta esta actividad?
El juego de los objetos escondidos ejercita la memoria de tu hijo. Cuando encuentre lo que has escondido, se dirá: “Sí, es el objeto que me han enseñado antes”. Este juego también le permite empezar a conceptualizar: aprenderá que lo que no está visible existe de todos modos. A los más tímidos, les ayudará a coger confianza en sí mismos, a atreverse a explorar, y también a desdramatizar la desaparición visual y, por extensión, la separación, ya que al final del juego el objeto reaparece. Para los más lanzados, este juego saciará su sed de descubrimientos y canalizará su energía: tendrán que prestar atención para poder seguir tus indicaciones. Las nociones de derecha e izquierda no se adquieren hasta más adelante, cuando están en Educación Infantil. Las indicaciones que le des, como “debajo”, “encima”, “al lado”, “más lejos”, le permitirán empezar a situarse en el espacio y, al mismo tiempo, enriquecer su vocabulario.
Variante
También puedes esconder el objeto en la más pequeña de una serie de cajas que se encajan o envolverlo en tres o cuatro capas de papel. Al abrir y cerrar las cajas o al desplegar los papeles, tu hijo trabajará la motricidad fina de sus dedos. Y qué recompensa, después de tantos esfuerzos: ¡encontrar el tesoro!
4. Juego infantil los cubos
Apilar y alinear también implica destruir. Hacer y luego deshacer… El juego de los cubos gusta a todos los bebés. Los hay de madera, plástico y tela. Es el primer juego de construcción de tu hijo.
¿Qué le aporta esta actividad?
Los cubos desarrollan la motricidad fina: el pequeño tiene que colocar unos encima de otros de forma precisa, sin que se caigan. ¡Y eso ya es un desafío! Además tendrá que controlar su frustración cuando la construcción no esté a la altura de sus expectativas, cuando el último cubo haga caer la torre. Los cubos también estimulan su imaginación y su creatividad. Cuando los pone en fila, forman un tren; si los dispone en zigzag, se convierten en una serpiente y si dibuja con ellos una cruz, ya tiene un muñeco.
Variante
Los cubos acoplables se pueden apilar hacia arriba o encajar unos dentro de otros. Con ellos, el niño aprende poco a poco a clasificar por orden y tamaño, de menor a mayor y de mayor a menor.
5. El juego de las parejas
El objetivo de este juego es enseñar al niño a asociar dos objetos idénticos. La actividad se puede llevar a cabo con varios pares de calcetines, por ejemplo. Escógelos de colores distintos, mézclalos y extiéndelos de forma bien visible. Dale uno a tu hijo y pídele que busque la pareja.

No hay comentarios:
Publicar un comentario